PALABRA DE DIOS

Creemos que la Biblia es inspirada por Dios; la infalible Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16). “Ninguna profecía de la Escritura es de inter­pretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21).

EL UNICO DIOS VERDADERO

Creemos en el único Dios viviente, eterno: infinito en poder, Santo en naturaleza, atributos y propósito; que posee deidad absoluta e indi­visible. Este único Dios verdadero se ha revelado él mismo como Padre, por medio de su hijo en la redención; y como el Espíritu Santo por emana­ción (1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; 2 Corintios 5:19; Joel 2:28).”. . . El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29; Deut. 6:4). “Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:6).

EL HIJO DE DIOS

El único Dios verdadero, el Jehová del Antiguo Testamento, tomó en sí la forma de hombre, y como el Hijo del hombre, nació de la virgen María. Pablo dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16). Creemos que “en El (es decir, Jesucristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19). Jesucristo, por parte de su Padre, era divino; por parte de su madre, era humano. Así, El era conocido como el Hijo de Dios y también como el Hijo del hombre, o el Dios-hombre.

EL NOMBRE

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Esta profecía de Isaías se cumplió cuando el Hijo de Dios fue nombrado, “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hom­bres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

LA CREACION DEL HOMBRE Y SU CAIDA

En el principio Dios creó al hombre inocente, puro y santo; pero por medio del pecado de desobediencia, Adán y Eva, los primeros de la raza humana, cayeron de su estado santo, y Dios les expulsó del Edén. Así, por la deso­bediencia de un hombre, el pecado entró en el mundo (Génesis 1:27; Romanos 3:23; 5:12).

ARREPENTIMIENTO Y CONVERSION

El perdón de pecados se obtiene por el arrepentimiento genuino, un hecho de confesar y abandonar los pecados. Somos justificados por fe en el Señor Jesucristo (Romanos 5:1).  La palabra “arrepentimiento” viene de varias palabras griegas que significan cambio de puntos de vista y de propósito, cambio de corazón, cambio de actitud, cambio de vida, transformación, etc.  Jesús dijo, “. . . si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3)  Lucas 24:47 dice, “Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”

BAUTISMO EN AGUA

La manera bíblica de bautismo es por inmer­sión, y es sólo para los que se han arrepentido completamente, habiéndose apartado de sus pecados y de su amor para el mundo. Debe ser ministrado por un ministro del Evangelio debidamente autorizado, obedeciendo la Palabra de Dios, y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, según Hechos de los Apóstoles 2:38; 8:16; 10:48; 19:5; obedeciendo y cumpliendo así con Mateo 28:19.

EL BAUTISMO DEL ESPIRITU SANTO

Juan el Bautista dijo en Mateo 3:11, “. . . él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Jesucristo dijo en Hechos 1:5, “. . . vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.”  Lucas nos cuenta en Hechos 2:4, “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (idiomas), según el Espíritu les daba que hablasen.” Los términos “bautizar en Espíritu Santo y fuego,” “llenos del Espíritu Santo,” y el “don del Espíritu Santo” son términos sinónimos usados indistintamente en la Biblia.  Es bíblico esperar que todos los que reciben el don, la plenitud, o el bautismo del Espíritu Santo reciban la misma señal física, señal inicial de hablar en otras lenguas.  El hablar en otras lenguas, como se relata en Hechos 2:4; 10:46; 19:6 y el don de lenguas como se explica en 1 Corintios, capítulos 12 y 14, son iguales en esencia, pero distintos en uso y propósito.

DOCTRINA FUNDAMENTAL

La doctrina fundamental y básica de esta organización será el modelo bíblico de la sal­vación plena, la cual consiste en arrepentimiento, bautismo por inmersión en agua en el nombre del Señor Jesucristo para el perdón de pecados, y el bautismo del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu dé que se hablen. Nos esforzaremos en guardar la unidad del Espíritu hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, al mismo tiempo, amonestando a los hermanos que no contiendan por sus diferentes puntos de vista, trayendo así la desunión del cuerpo.

SANIDAD DIVINA

El primer pacto que el Señor (Jehová) hizo con los hijos de Israel después de librarlos de Egipto, fue un pacto de sanidad. El Señor dijo, “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26). El sufrimiento substitutivo del Señor Jesucristo pagó por la sanidad de nuestros cuerpos, igual que pagó por la salvación de nuestras almas porque “. . . por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). En Mateo 8:17 se lee, “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”. Todas estas promesas son para la iglesia de hoy.

LA SANTIDAD

Una vida piadosa debe caracterizar la vida de todo hijo de Dios, y debemos vivir según el ejemplo dado en la Palabra de Dios. Santidad quiere decir separacion del mundo. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para sal­vación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12). “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 1:21-23). “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).  ”Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16).

LA SEGUNDA VENIDA DE JESUS

La doctrina que Jesús vuelve la segunda vez, en persona, tal como se fue, está claramente expuesto por el mismo Señor Jesucristo, y fue predicado y enseñado en la iglesia primitiva por los Apóstoles; por eso, los hijos de Dios hoy en día están seria y ansiosamente esperando el glorioso acontecimiento. (Mateo 24; Hechos 1:11; 3:19-21; 1 Corintios 11:26; Filipenses 3:20-21; 1 Tes. 4:14-17; Tito 2:13-14)

EL MILENIO

Creemos además, que la angustia sobre la tierra es el “principio de dolores” y se hará más intensa hasta que habrá un tiempo “de angustia cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Mateo 24:3-8; Daniel 12:1), y este período de “tribulación” será seguido por el amanecer de un día mejor en la tierra y que durante mil años habrá “paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres.” (Apocalipsis 20:1-5; Isaías 65:17-25; Mateo 5:5; Daniel 7:27; Miqueas 4:1-2; Hebreos 2:14. Romanos 11:25-27).

JUICIO UNIVERSAL

Cuando terminen los mil años, habrá una resurrección de todos los muertos, quienes serán llamados delante del gran trono blanco para el juicio final; y todos los que no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida serán lanzados al lago de fuego que arde con azufre, el cual Dios ha preparado para el diablo y sus ángeles, siendo Satanás el primero en ser lanzado (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:7. 15; 21:8).